Mensaje del Obispo de Arecibo a los graduandos de las escuelas católicas de la Diócesis de Arecibo en el 2017

Queridos graduandos:

En este día en que celebran la alegría de un nuevo comienzo, una nueva etapa de sus vidas, les reitero una vez más que nunca se olviden de Dios.

Es Él, con su infinita bondad, quien les dio el regalo de la salud, la inteligencia y el vivir en una familia comprometida con la educación de sus hijos, para que, gracias a Él, pudiesen hoy celebrar su graduación.

Por eso, la gloria siempre es para Dios y nunca olviden que no tendrían nada si no fuera por Él.

Que la Misa dominical y la participación en el sacramento de la Eucaristía sea siempre el centro de sus vidas.

¡No renuncien por nada al regalo tan grande de poder recibir a Dios mismo dentro de ustedes! ¡Cómo no amar a un Dios tan bueno, que baja del cielo para salir a nuestro encuentro y hacerse uno con nosotros! Cristo mismo dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14, 16) y ” El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día” (Jn 6, 54).

Como les dijo el Papa Francisco, en su Carta a los jóvenes, por el Sínodo de los Obispos 2018:

“También a ustedes Jesús dirige su mirada y los invita a ir hacia Él. ¿Han encontrado esta mirada, queridos jóvenes? ¿Han escuchado esta voz? ¿Han sentido este impulso a ponerse en camino? Estoy seguro que, si bien el ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo, esta llamada continúa resonando en el corazón da cada uno para abrirlo a la alegría plena”.

Con mi bendición y felicitación,
+ Daniel Fernández Torres
Obispo de Arecibo

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